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Recordando a: Leopold Engleitner

Leopold Engleitner nació el 23 de julio de 1905 en Aigen-Voglhub, Austria. Creció en la ciudad imperial de Bad Ischl, lugar donde se encontró en diferentes ocasiones con el emperador Francisco José. A principios de los años 30 empezó a familiarizarse intensivamente con la Biblia, cambió valerosamente de religión y se bautizó en 1932 como Testigo de Jehová. A partir de ese entonces tuvo que soportar la intolerancia religiosa por parte de sus vecinos y las autoridades. Cuando Adolf Hitler ocupó Austria en 1938, Leopold Engleitner entró en conflicto con el nacionalsocialismo, pues no estaba dispuesto a renegar su fe, ni tampoco a servir en el ejército alemán.

La Gestapo lo arrestó en Bad Ischl el 4 de abril de 1939, y estuvo detenido en las prisiones de Linz y Wels. Del 9 de octubre de 1939 al 15 de julio de 1943 estuvo preso en los campos de concentración de Buchenwald, Niederhagen y Ravensbrück. Estando en el campo de concentración de Niederhagen, Leopold Engleitner se negó a firmar la “Declaración”, lo que implicaba renegar su fe, aunque esto le hubiera supuesto poder salir del campo. A pesar de recibir en los campos de concentración un trato extremadamente cruel, no consiguieron quebrar su voluntad de luchar por principios justos y negarse a servir en el ejército.

En julio de 1943 pudo salir del campo de concentración de Ravensbrück con la condición de comprometerse a trabajos forzados de por vida en la agricultura. Cuando regresó a casa se puso a trabajar en una granja de St. Wolfgang. Tres semanas antes que finalizara la guerra, recibió la orden de reclutamiento al ejército alemán el 17 de abril de 1945. Engleitner hizo caso omiso, lo que significó tener que huir a las montañas del Salzkammergut. Allí se escondió en la cabaña de Meistereben y en una cueva. Los nazis lo persiguieron durante semanas como a un animal, pero no dieron con él.

Finalmente pudo regresar a casa el 5 de mayo de 1945. La historia de Leopold Engleitner demuestra que sí era posible, aún siendo una persona humilde, oponerse al régimen de terror de Hitler.

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Recordando a: Alexander Hughes MacMillan

Alexander Hughes MacMillan

El hermano Alexander H. MacMillan fue uno de los primeros estudiantes de la biblia. Toda su historia se puede encontar en el libro “Proclamadores del reino” (Editado por los Testigos de Jehová).

Era de origen canadiense y se adhirió a los Estudiantes Bíblicos en el año 1900, mismo año en el que se bautizó y, en los años siguientes, ayudo en importantes encargos directivos, cerca de la sede central de los Testigos de Jehová en Brooklyn, Nueva York.

Se recuerda a Macmillan como un hermano para quien la Palabra de Dios era “como un fuego ardiente”. (Jer. 20:9.) Sencillamente tenía que hablar de ella, y lo hizo ante auditorios no solo de Canadá, sino de diferentes partes de Estados Unidos y de otros países, como Palestina. Además de haber pasado varias veces por los calabozos por defender su fe.

En 1931, adoptamos el nombre realmente distintivo de testigos de Jehová (Anteriormente se nos conocía como los Estudiantes de la Biblia) y A. H. Macmillan, quien colaboró en asuntos administrativos con tres presidentes de la Sociedad, dijo respecto al anuncio del hermano Rutherford: ‘Para mí no hay duda —ni la hubo entonces ni la hay ahora— de que el Señor lo guió en aquello, y de que ese es el nombre que Jehová quiere que llevemos, y nos hace muy dichosos y felices el tenerlo’.

El hermano MacMillan recordó, en cierta ocasión, la mañana en que leyó el telegrama que anunciaba la muerte de Charles T. Russell a la familia de Betel: “Se escuchó un gemido por todo el comedor. A algunos se les oía llorar. Nadie pudo desayunar aquella mañana. Les afectó mucho la noticia. Después del desayuno hubo grupitos que hablaban y susurraban: ‘¿Qué ocurrirá ahora?’. Aquel día se trabajó poco. No sabíamos qué hacer. Nos sorprendió lo que había pasado, a pesar de que Russell había tratado de prepararnos para ello”. Aunque sin niguna duda el hermano Russel fue muy importante en la historia de la sociedad Watchtower, tanto A. H. MacMillan como todos los Testigos de Jehová del mundo reconocemos que no es a hombres que adoramos, sino a Jehová. Pero sin duda, la perdida fue un duro golpe en aquellos dias.

Finalmente el hermano Alexander H. MacMillan murió fiel a su expectativa en el año 1966.

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