Año 1 después del Armagedón.
Vivir en el milenio era maravilloso. Sin Satanás acechando por ninguna parte, sin maldad… Todos los hermanos unidos y en paz, cumpliendose así la promesa de Jehová. Había decidido recorrer en barca todos los mares, ya no era peligroso como antes. No existian animales que me fueran a comer ni tampoco tormentas que me fueran a arrojar al mar.
En mi reorrido había llegado a las costas argentinas, en concreto al Mar de Plata. Y debo admitir que es un lugar tan precioso como lo describen. Pero más hermoso fue lo que ví allí.
Era una mujer que corria al borde entre la arena y el mar. Las olas se precipitaban en sus huellas hundidas en la arena húmeda de la playa. Parecia estar muy feliz, sin duda debía ser alguien que en el viejo mundo no conocío el mar y ahora disfrutaba de su belleza. Es curioso, pero la perseguia un gatito muy bonito. Los gatos odian el agua, pero este iba por la arena seca.
Esta hermana había despertado mi curiosidad y quería conocer su historia, así que amarré mi barca en el puerto más cercano y me dirigí a donde la había visto. Seguí sus huellas difusas y finalmente la alcancé. ¡Que bueno era estar en el nuevo mundo, podia correr sin cansarme!
cuando vi su rostro una sensación de felicidad me embargó. No me lo podía creer. ¡Es Nancy! ¿Cuantas veces habiamos soñado sus hermanos ese momento? Tantas que era imposible contarlas. Y ahí estaba Nancy, corriendo por la playa, cumpliendo su sueño de estar en el mar, feliz y contenta. Sana y salva en el nuevo orden de Jehová.
Mis ojos se llenaron de lágrimas al abrazarla. Me alegro tanto por ella. No puedo evitarlo y me pongo a correr con ella porla orilla. Me gusta el mar, me gusta la creación de Jehová, pero sobre todo me gusta esta sensación de saber que nos ama y cuida, que nos ha curado de nuestras enfermedades y nos permite vivir ahora en paz y unidad.
Debo proseguir mi viaje cuando llegue la noche, pero sin duda guardaré un buen recuerdo de este rato corriendo por el mar junto a Nancy. Está poniendose el sol, llegamos ya casi al puerto, pero en el horizonte pueden verse delfines saltando y sonriendo, tal vez también estén felices por nuestra hermana.
Algún día, Nancy, podré conocerte en persona y correré contigo por la playa, tal como lo relato. Porque tú eres mi hermana y yo deseo que seas feliz. Pronto se acabará este malvado mundo y con el la enfermedad que asola a la humanidad. Pronto, tan pronto como ya, podrás cumplir tu sueño y dejar de mirar el mar por una ventana y bañarte en el, tocarlo, saborear su sabor salado y perderte entre sus olas. Te espero allí junto al resto de hermanos, ¿Vienes?