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Recordando a: Alexander Hughes MacMillan

Alexander Hughes MacMillan

El hermano Alexander H. MacMillan fue uno de los primeros estudiantes de la biblia. Toda su historia se puede encontar en el libro “Proclamadores del reino” (Editado por los Testigos de Jehová).

Era de origen canadiense y se adhirió a los Estudiantes Bíblicos en el año 1900, mismo año en el que se bautizó y, en los años siguientes, ayudo en importantes encargos directivos, cerca de la sede central de los Testigos de Jehová en Brooklyn, Nueva York.

Se recuerda a Macmillan como un hermano para quien la Palabra de Dios era “como un fuego ardiente”. (Jer. 20:9.) Sencillamente tenía que hablar de ella, y lo hizo ante auditorios no solo de Canadá, sino de diferentes partes de Estados Unidos y de otros países, como Palestina. Además de haber pasado varias veces por los calabozos por defender su fe.

En 1931, adoptamos el nombre realmente distintivo de testigos de Jehová (Anteriormente se nos conocía como los Estudiantes de la Biblia) y A. H. Macmillan, quien colaboró en asuntos administrativos con tres presidentes de la Sociedad, dijo respecto al anuncio del hermano Rutherford: ‘Para mí no hay duda —ni la hubo entonces ni la hay ahora— de que el Señor lo guió en aquello, y de que ese es el nombre que Jehová quiere que llevemos, y nos hace muy dichosos y felices el tenerlo’.

El hermano MacMillan recordó, en cierta ocasión, la mañana en que leyó el telegrama que anunciaba la muerte de Charles T. Russell a la familia de Betel: “Se escuchó un gemido por todo el comedor. A algunos se les oía llorar. Nadie pudo desayunar aquella mañana. Les afectó mucho la noticia. Después del desayuno hubo grupitos que hablaban y susurraban: ‘¿Qué ocurrirá ahora?’. Aquel día se trabajó poco. No sabíamos qué hacer. Nos sorprendió lo que había pasado, a pesar de que Russell había tratado de prepararnos para ello”. Aunque sin niguna duda el hermano Russel fue muy importante en la historia de la sociedad Watchtower, tanto A. H. MacMillan como todos los Testigos de Jehová del mundo reconocemos que no es a hombres que adoramos, sino a Jehová. Pero sin duda, la perdida fue un duro golpe en aquellos dias.

Finalmente el hermano Alexander H. MacMillan murió fiel a su expectativa en el año 1966.

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