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La cita del día

Revelación 21: 4 Y limpiará toda lágrima de sus ojos [...]

Cuando un ser querido o un amigo muy cercano enferma nosotros nos sentimos tristes. Pero si la enfermedad es más grave y nuestro ser amado derrama sus lágrimas en señal de dolor entonces nuestra pena crece hasta convertirse en angustia.

De igual modo le pasa a Jehová. Él desde su santo trono observa como millones de sus fieles siervos lloran cada instante oprimidos por el cruel mundo de Satanás.

Normalmente cuando alguien enferma de gravedad nosotros no podemos hacer nada por ayudarlo. Sin embargo, por muy mal que estén las cosas en la tierra, Jehová si puede solucionar las cosas. Y de hecho desea hacerlo.

Desde su gran bondad amorosa, Jehová quiere quitar todo lo malo que nos perjudica e instaurar un nuevo reino donde la paz y la felicidad han de reinar. Quiere que vivamos seguros, sin enfermar ni morir, sin envejecer, sin sentir dolor en nuestros corazones. Y lo va a hacer muy pronto.

¿Te gustaría estar en esa nueva vida? Seguro que sí. Por eso es importante que anunciemos estas buenas nuevas a otras personas, porque queremos que también estén con nosotros allí. Porque al igual que Jehová no deseamos que nadie sea destruido, sino que más bien alcancen el arrepentimiento y sean salvados (2 Pedro 3:9). Anuncien, pues, estas buenas nuevas con todas sus fuerzas mientras aguardan el gran día de Jehová.

Aviso: Que se titule la cita del “día” no indica que sea algo diario. Ni tampoco trato que sustituya al texto diario que provee el esclavo fiel y discreto. Como sabeis últimamente mi tiempo es escaso y no puedo escribir artículos como antes. La idea es no dejar de escribir, aunque lo haga de morma más reducida. Gracias por vuestras visitas y comprensión.

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La cita del día:

Santiago 3: 5,6, 8: Así, también, la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo hace grandes alardes. ¡Miren! ¡Con cuán pequeño fuego se incendia tan grande bosque!  Pues bien, la lengua es un fuego. La lengua constituye un mundo de injusticia entre nuestros miembros, porque mancha todo el cuerpo y enciende en llamas la rueda de la vida natural y es encendida en llamas por el Gehena. Pero la lengua, nadie de la humanidad puede domarla. Cosa ingobernable y perjudicial, está llena de veneno mortífero.

La lengua es un órgano de nuestro cuerpo que nos permite hablar; articular sonidos que formen palabras y frases. Es un miembro importantede nuestro cuerpo. Pero, como dice el texto de Santiago, también puede ser algo muy malo.

A veces, muchas veces, sin darnos cuenta criticamos a otros hermanos por su forma de vestir, de ser o discursar. Si esto lo hacemos con lo hermanos de nuestra  congregación estaremos, como dijo Santiago, encendiendo un fuego en nuestra propia congregación. Por otro lado, si estos comentarios se hacen dentro del seno de la familia, bien podria decirse que la familia se está envenenando con la lengua.

Hablar mal de otros ha acarreado muchos problemas en el pasado y, por desgracia, sigue haciéndolo hoy día. Cuando uno habla de su hermano realmente está hablando mal de uno mismo. Es cierto que quizás no compartas la forma de actuar o de llevar las cosas de un hermano, pero solo Jehová puede juzgarlo.

De igual modo pasa con los que llevan la delantera. He oido muchos comentarios destructivos sobre hermanos que llevan la delantera. Pero quienes critican a estos hermanos en realidad están diciendole a Jehová que se ha equivocado al ponerlos en su puesto: ¿Puede acaso Jehová equivocarse en algo?. No. Más bien él da la oportunidad a TODOS de servirle de un modo u otro, luego en manos de cada siervo nombrado pertenece el actuar correctamente o no. Si no lo hace a su tiempo adecuado Jehová lo removerá de su sitio, si actua adecuadamente Jehová lo bendecirá en gran manera. Por eso, Jehová mismo mueve los hilos para “sanear” su pueblo cuando es necesario y no nos compete a los demás hermanos tomar decisiones al respecto ni predisponer a los demás con nuestras propias ideas sobre otros.

Cuando hablamos mal de alguien estamos encendiendo una hoguera en nuestras congregaciones u hogares. ¿Que pasaria si realmente se incendiase nuestro salón mientras estamos en la reunión? Seguramente todos podriamos salir salvos, ya que betel ahora se preocupa mucho de evitar estos desastres y que en caso de haberlos los asistentes puedan abandonar el local sin problemas. Pero podria ocurrir que este fuego nos impidiera una salida del local y estuvieramos rodeados por llamas, sufriendo, hasta que los bomberos nos liberasen o incluso podriamos perder la vida en sentido literal.

En sentido espiritual es parecido. La organización de Jehová guiada por el espíritu santo nos prové material adecuado para huir de estos incendios e incluso sofocarlos a modo de extintores. Pero a veces ocurre que nos quedamos cercados por estos comentarios, sufriendo por nuestros hermanos, y siendo llevados a esta forma de pensar por la insistencia de los comentarios de los demás. Tal vez un árticulo de atalaya, un discurso, un hermano con el que hablamos poco… Puede que sea el bombero que apague esa llama que nos hiere. Más si no prestasemos atención a las advertencias de incendio y no hicieramos todo lo posible por no quemarnos, podriamos perder la vida en sentido espiritual.

Por eso, cuidemonos de ser los causantes de provocar incendios y seamos más bien extintores que extingan los que veamos a nuestro alrededor. No permitamos nunca que las llamas del chisme y la crítica a los demás hermanos acaben chamuscando nuestra espiritualidad. Confiemos en Jehová y, al igual que él, seamos amorosos con nuestros hermanos dándoles la oportunidad y los medios para cambiar, animándolos y ayudándolos en vez de derrumbar sus buenas cualidades hechando sobre ellos capas de comentarios negativos.

Si todos colaboramos nuestros “bosques” (salones) seguirán dándonos aire puro y fresco en lugar de un olor a quemado. Y usemos nuestra lengua para un propósito honroso, llevar las buenas nuevas y esperanza a las personas, pero de esto hablaremos otro día.

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La cita del día:

Lucas 15: 7: Les digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentimiento.

Cuando Jesús pronunció estas palabras estaba contando la parábola en la que un hombre pierde una oveja y abandona al resto para ir a buscarla. Cuando la encuentra se pone muy feliz y hasta celebra una fiesta por el regocijo que halla. Después, Jesucristo añadió lo que se lee en el texto.

Como Testigo de Jehová he leido muchas veces este texto en las reuniones y asambleas. Pero por fin he podido darme cuenta del tremendo alcance de estas palabras. Fue meditando sobre mi pasado. Y ahora me doy cuenta de lo que realmente somos cada uno de nosotros para Jehová.

Somos sus ovejitas amadas. Puede tener 1, 2 y hasta más de 7 millones de ovejas, pero nosotros somos parte de esa cantidad. Y si una de sus ovejitas se pierde Jehová de verdad está llorando en su trono. ¿Te lo puedes imaginar? El ser más poderoso, el creador de todo, llorando por tí, simple polvo viviente.

Y ahora hace todo lo posible, de forma casi desesperada, por ayudarte. Quien se aleja de su pueblo es perfectamente consciente de lo que significa, de que si sale no va a encontrar nada mejor. Con todo lo hace ¿Porqué? En mi caso fue porque mis sentimientos fueron más fuertes que mi amor por lo correcto. No pude superarlos y me alejé. Fui feliz un tiempo, hasta que me di cuenta de todo.

Hoy hace casi 4 años de aquello. He vuelto al hogar del que nunca debí salir y ahora Jehová me está bendiciendo en gran manera. Me ha perdonado y me sigue ayudando y animando. No puedo parar de decirme a mi mismo que estupido fui. Pero gracias a que Jehová me ama, como a cada uno de sus ovejas, pude abrir mis ojos y volver a su pueblo.

Por eso hermanos, no olvidemos el texto de Lucas 15: 7. Jehová llora también cuando volvemos, sí, pero DE FELICIDAD!!!!!!

¿QUIERES TU REGOCIJAR EL CORAZÓN DE JEHOVÁ?

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