Santiago 3: 5,6, 8: Así, también, la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo hace grandes alardes. ¡Miren! ¡Con cuán pequeño fuego se incendia tan grande bosque! Pues bien, la lengua es un fuego. La lengua constituye un mundo de injusticia entre nuestros miembros, porque mancha todo el cuerpo y enciende en llamas la rueda de la vida natural y es encendida en llamas por el Gehena. Pero la lengua, nadie de la humanidad puede domarla. Cosa ingobernable y perjudicial, está llena de veneno mortífero.
La lengua es un órgano de nuestro cuerpo que nos permite hablar; articular sonidos que formen palabras y frases. Es un miembro importantede nuestro cuerpo. Pero, como dice el texto de Santiago, también puede ser algo muy malo.
A veces, muchas veces, sin darnos cuenta criticamos a otros hermanos por su forma de vestir, de ser o discursar. Si esto lo hacemos con lo hermanos de nuestra congregación estaremos, como dijo Santiago, encendiendo un fuego en nuestra propia congregación. Por otro lado, si estos comentarios se hacen dentro del seno de la familia, bien podria decirse que la familia se está envenenando con la lengua.
Hablar mal de otros ha acarreado muchos problemas en el pasado y, por desgracia, sigue haciéndolo hoy día. Cuando uno habla de su hermano realmente está hablando mal de uno mismo. Es cierto que quizás no compartas la forma de actuar o de llevar las cosas de un hermano, pero solo Jehová puede juzgarlo.
De igual modo pasa con los que llevan la delantera. He oido muchos comentarios destructivos sobre hermanos que llevan la delantera. Pero quienes critican a estos hermanos en realidad están diciendole a Jehová que se ha equivocado al ponerlos en su puesto: ¿Puede acaso Jehová equivocarse en algo?. No. Más bien él da la oportunidad a TODOS de servirle de un modo u otro, luego en manos de cada siervo nombrado pertenece el actuar correctamente o no. Si no lo hace a su tiempo adecuado Jehová lo removerá de su sitio, si actua adecuadamente Jehová lo bendecirá en gran manera. Por eso, Jehová mismo mueve los hilos para “sanear” su pueblo cuando es necesario y no nos compete a los demás hermanos tomar decisiones al respecto ni predisponer a los demás con nuestras propias ideas sobre otros.
Cuando hablamos mal de alguien estamos encendiendo una hoguera en nuestras congregaciones u hogares. ¿Que pasaria si realmente se incendiase nuestro salón mientras estamos en la reunión? Seguramente todos podriamos salir salvos, ya que betel ahora se preocupa mucho de evitar estos desastres y que en caso de haberlos los asistentes puedan abandonar el local sin problemas. Pero podria ocurrir que este fuego nos impidiera una salida del local y estuvieramos rodeados por llamas, sufriendo, hasta que los bomberos nos liberasen o incluso podriamos perder la vida en sentido literal.
En sentido espiritual es parecido. La organización de Jehová guiada por el espíritu santo nos prové material adecuado para huir de estos incendios e incluso sofocarlos a modo de extintores. Pero a veces ocurre que nos quedamos cercados por estos comentarios, sufriendo por nuestros hermanos, y siendo llevados a esta forma de pensar por la insistencia de los comentarios de los demás. Tal vez un árticulo de atalaya, un discurso, un hermano con el que hablamos poco… Puede que sea el bombero que apague esa llama que nos hiere. Más si no prestasemos atención a las advertencias de incendio y no hicieramos todo lo posible por no quemarnos, podriamos perder la vida en sentido espiritual.
Por eso, cuidemonos de ser los causantes de provocar incendios y seamos más bien extintores que extingan los que veamos a nuestro alrededor. No permitamos nunca que las llamas del chisme y la crítica a los demás hermanos acaben chamuscando nuestra espiritualidad. Confiemos en Jehová y, al igual que él, seamos amorosos con nuestros hermanos dándoles la oportunidad y los medios para cambiar, animándolos y ayudándolos en vez de derrumbar sus buenas cualidades hechando sobre ellos capas de comentarios negativos.
Si todos colaboramos nuestros “bosques” (salones) seguirán dándonos aire puro y fresco en lugar de un olor a quemado. Y usemos nuestra lengua para un propósito honroso, llevar las buenas nuevas y esperanza a las personas, pero de esto hablaremos otro día.